
La cuestión del salario del presidente de la SPA vuelve regularmente a los medios y a las redes sociales. Cristaliza una tensión propia de las grandes asociaciones francesas financiadas por donaciones: ¿hasta dónde puede llegar la remuneración de quienes las dirigen? La respuesta exige, primero, deshacer una confusión persistente entre dos funciones muy diferentes dentro de la Sociedad Protectora de Animales.
Presidente voluntario y director general asalariado: la confusión que falsea el debate
La mayoría de los artículos y de las investigaciones en línea hablan del « salario del presidente de la SPA » mientras que el presidente de la SPA es un administrador voluntario. Elegido por la asamblea general, ejerce un mandato social no remunerado. No percibe ni salario, ni prima, ni variable por esta función.
Quien ha generado el escándalo por su remuneración es el director general, un ejecutivo asalariado vinculado a la asociación por un contrato de trabajo clásico, sujeto al derecho laboral. Este puesto de dirección ejecutiva no tiene nada que ver con el mandato asociativo del presidente. Cuando se interroga sobre el presidente de la SPA y su salario, en realidad es la remuneración del director general la que alimenta la polémica.
Esta distinción entre mandato social voluntario y puesto de dirección remunerado existe en todas las grandes asociaciones en Francia. Sin embargo, sigue siendo mal comprendida por el gran público, lo que alimenta la confusión y amplifica la indignación con cada nueva revelación.

Remuneración del director general de la SPA: los montos hechos públicos
Las cifras que han circulado en la prensa son precisas. Según los elementos publicados por L’Express y Le Monde, el director general de la SPA percibía 110 000 euros de salario fijo anual a los que se sumaban al menos 35 000 euros de parte variable. Este paquete total superaba, por lo tanto, con creces los estándares habituales del sector asociativo.
Para una asociación cuyas recursos provienen en gran parte de donaciones y legados de particulares, estos niveles de remuneración plantean una cuestión de proporcionalidad. La SPA gestiona decenas de refugios en Francia, emplea a varios cientos de trabajadores y se hace cargo de miles de animales cada año. La complejidad operativa justifica un perfil de dirección experimentado, pero el monto total ha sorprendido a donantes y voluntarios.
Un despido que amplificó la polémica
El director general en cuestión fue despedido en condiciones que también fueron controvertidas. Le Monde informó de un despido considerado « sin causa real y seria », lo que generó indemnizaciones adicionales a cargo de la asociación. El costo total de esta salida, incluyendo salario acumulado e indemnizaciones, alimentó la sensación de una gestión derrochadora.
Este asunto ha puesto de manifiesto un problema estructural: las grandes asociaciones no están sujetas a las mismas obligaciones de transparencia salarial que las empresas cotizadas. Los donantes no tienen fácil acceso a las escalas de remuneración de los directivos ejecutivos.
Transparencia de las asociaciones y salarios de los directivos: un marco aún difuso
El endurecimiento de la mirada pública sobre los salarios en el sector asociativo no concierne solo a la SPA. Desde las polémicas mediáticas de 2019-2020, varias grandes fundaciones y asociaciones de protección animal han sido cuestionadas sobre su gestión financiera. Los donantes exigen saber qué parte de sus contribuciones financia las misiones (refugio, adopción, cuidados veterinarios) y qué parte alimenta los gastos de estructura, incluidos los salarios de dirección.
Algunos puntos de referencia permiten situar el nivel de remuneración observado en la SPA:
- En el sector asociativo francés, los puestos de dirección general de organizaciones de tamaño comparable están remunerados a niveles sensiblemente inferiores al paquete descrito para la SPA
- Las asociaciones reconocidas de utilidad pública deben publicar sus cuentas anuales, pero el detalle de las remuneraciones individuales no figura sistemáticamente
- La Corte de Cuentas puede controlar las asociaciones que apelan a la generosidad pública, pero estos controles son puntuales y sus conclusiones no siempre son publicitadas
La ausencia de un marco vinculante sobre la publicación de las remuneraciones de los directivos asociativos deja una zona gris. Los datos disponibles no permiten comparar precisamente la SPA con otras estructuras de protección animal o de solidaridad, por falta de un referente público estandarizado.

Lo que este asunto revela sobre la gobernanza de las asociaciones en Francia
Más allá del caso particular de la SPA, la polémica salarial ha puesto de manifiesto varias fragilidades en la gobernanza asociativa francesa. La acumulación de un salario fijo elevado y de una parte variable indexada a objetivos internos, en una estructura financiada por donaciones, plantea la cuestión de la alineación de intereses entre los directivos ejecutivos y la misión social.
El consejo de administración, compuesto por voluntarios, se supone que debe supervisar la remuneración del director general. En la práctica, la asimetría de competencias entre administradores voluntarios y directivos profesionales puede limitar la capacidad de control. Un administrador que dedica algunas horas al mes a la asociación no siempre tiene las herramientas para evaluar si un paquete salarial es adecuado al mercado.
Propuestas de mejora discutidas en el sector
Varias voces en el mundo asociativo abogan por medidas concretas:
- Publicación obligatoria de las remuneraciones de los tres altos ejecutivos asalariados en los informes anuales
- Establecimiento de un límite entre el salario más alto y el salario mediano de la asociación
- Creación de comités de remuneración independientes, siguiendo el modelo de las empresas cotizadas
- Obligación de mencionar la parte de las donaciones destinada a los gastos de funcionamiento en los llamados a la generosidad
Ninguna de estas medidas ha sido hecha obligatoria hasta la fecha. El debate sigue abierto, y cada nueva polémica relanza la presión sobre los legisladores.
El presidente de la SPA no recibe salario. El director general, por su parte, percibió un paquete de más de 145 000 euros anuales antes de su despido controvertido. La verdadera cuestión no es el monto en sí, sino la ausencia de un marco que obligue a las asociaciones a hacer accesible esta información a quienes las financian.